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Si existe una rama del
conocimiento con la reputación de ser
exacta, infalible o perfecta, es ciertamente la
matemática. En el lenguaje corriente, cuando
queremos subrayar la exactitud de una
proposición o de un resultado
decimos:
"Con una precisión
matemática" .
Cuando nos referimos a
propiedades y teoremas nos referimos a la
época y los autores que las han descubierto,
como si las verdades matemáticas existieran
independientemente de los científicos que
las hayan encontrado.
Las verdades
matemáticas se nos presentan como verdades
objetivas, perfectas, inmutables a través de
los siglos.
Sin embargo uno puede hacerse
la siguiente pregunta :
Si la matemática es
creación del ser humano que es falible
¿Puede entonces la matemática ser
infalible? ¿Puede un ser falible, crear lo
infalible?
¿Cómo un ser
imperfecto puede crear objetos
perfectos?
Uno podría preguntarse
algo quizás equivalente: ¿La
matemática es descubierta o
inventada?
Si la matemática fuera
siempre descubierta podría ser infalible
pero si por el contrario es inventada entonces
sería lógico esperar que fuera
falible.
Leheman (1983), citado por
Thompson (1992) identificó dos concepciones
alternativa sobre la naturaleza de la
matemática que llamó absoluta y
falible y que corresponden a dos puntos de vista
opuestos en filosofía de la
matemática:
Euclídeo y Quasi
empírico (Lakatos 1978).
De un punto de vista absoluto
toda la matemática está basada sobre
fundamentos universales; es el paradigma del
conocimiento, desprovisto de valor personal,
abstracto y con conexiones de naturaleza
platónica con la realidad.
Por el contrario, de un punto
de vista falible, se considera que la
matemática se desarrolla a través de
conjeturas, pruebas y refutaciones y la
incertidumbre es aceptada como inherente a la
disciplina.
El teorema de Gödel que
afirma que en todo sistema axiomático,
existen siempre proposiciones indecidibles, es
decir proposiciones que no se puede probar ni que
son verdaderas ni que son falsas, introduce de este
modo formalmente la incertidumbre en la
matemática.
Gödel con su teorema
parece apoyar esta visión falible de la
matemática.
David and Hersh (1986),
citado por Cooney, Shealy y Arvold (1998),
reivindican la idea que la matemática no es
tanto un dominio lleno de certitudes pero
más bien una de las vías cruciales
donde se construye y se transforma el sentido y a
veces también se pierde.
Es interesante analizar
cómo esas dos visiones opuestas de la
matemática actúan sobre los
profesores ya que ellos son los responsables en
gran medida de la imagen y la concepción de
la matemática que se forman las nuevas
generaciones.
Thompson (1988) afirma que
dado que los profesores son los mediadores
primarios entre la disciplina y el estudiante, es
natural inferir que las concepciones de los
profesores se comunican a los alumnos a
través de las prácticas de
clase.
Jacques Nimier (1988), piensa
que el profesor de matemática deviene
normalmente el representante de la
matemática, de donde surge la importancia de
suministrar una formación psicológica
de los profesores de matemática. Este autor
estudia la imagen que los profesores y los
estudiantes tienen de la matemática y su
influencia decisiva en el aprendizaje de
ésta.
Pone en evidencia, mediante
encuestas y entrevistas que muy frecuentemente la
matemática representa el pensamiento
perfecto y el orden.
Es un orden ideal hacia el
cual es necesario tender. Sólo en
matemática se puede estar seguro de la
verdad.
La matemática son el
soporte de la proyección narcisista de la
infancia y haciendo matemática se tiende
hacia ese ideal de reencontrar la perfección
paradisíaca. La matemática son el
vehículo del pensamiento perfecto que
permite alcanzar la verdad partiendo de la
diversidad hacia la unidad.
Lakatos (1978) afirma que en
el estilo deductivo el resultado final es exaltado
y elevado a una infalibilidad sagrada.
Pareciera que el resultado se
desprendiera del probablemente largo y zigzagueante
proceso que ha conducido al resultado; un proceso
que seguramente ha estado lleno de incertidumbre y
fallas.
Como Lakatos lo expresa muy
claramente " El estilo deductivo esconde la lucha,
disimula la aventura, toda la historia desaparece
".
Además, la
obtención de un resultado que parece bonito
y perfecto no garantiza nada contra una futura
mejora de dicho resultado por alguien más.
Aunque dicha mejora sea pequeña, igualmente
pone en tela de juicio aquella percepción
inicial de perfección y de verdad
absoluta.
Lakatos afirma también
que el estilo deductivo hace caer del cielo las
definiciones de una forma artificial y
autoritaria.
No tomar en cuenta esa lucha,
ese proceso de ensayo y error es una gran y doble
omisión : por una parte es ignorar la
esencia humana y frágil de la
creación y el descubrimiento
matemático, más allá del ideal
universal de perfección que la
matemática representa y por otra parte es
ignorar las concepciones de los estudiantes que
constituyen los ladrillos para poder construir un
conocimiento matemático útil y
significativo para cada uno de nuestros
alumnos.
Todas las reformas propuestas
para la mejora de la enseñanza y el
aprendizaje de la matemática se topa con el
mismo obstáculo: las creencias de los
profesores.
Nimier (1988) lo expresa
claramente diciendo que es necesario
acompañar a los docentes en su cambio de
actitud.
La aparición de
software de geometría dinámica como
por ejemplo Cabri, GSP y Cinderella representa una
verdadera y profunda revolución para
aprender y hacer matemática pero para los
profesores que han sido formados sin esa
tecnología y han enseñado durante
mucho tiempo sin ella, no les es para nada sencillo
usar ambientes informáticos y aprovechar de
sus ventajas.
Nimier (1988) escribe " No
alcanza con poner computadoras en las clases para
que sean utilizadas y consecuentemente cambien los
métodos de enseñanza "
Nespor (1987) citado por
Pajares (1992), afirma que las creencias son en
principio inmutables y que cuando cambian no es a
causa de un argumento racional pero sino más
bien debido a una "conversión
gestáltica" . Las creencias personales de
los individuos no son necesariamente coherentes al
interior de su sistema de creencias.
Harvey (1986), citado por
Pajares (1992) define una creencia como una
representación que tiene suficiente validez,
veracidad y credibilidad para guiar el pensamiento
y el comportamiento del individuo.
Para Rokeach (1968), todas
las creencias tienen una componente cognitiva que
representa el conocimiento, una componente afectiva
capaz de suscitar la emoción y una
componente de comportamiento que se activa cuando
se impone una acción.
Cuando grupos de creencias se
organizan alrededor de un objeto o
situación, con una predisposición a
la acción, dicha organización
holística deviene una actitud.
Las creencias varían
en intensidad o en poder en función de la
dimensión periférica o central que
ellas ocupan. Cuanto más central es una
creencia, más resistente al cambio es.
Nisbett y Ross (1980)
consideran que las experiencias prematuras tienen
una gran influencia sobre las consideraciones y
juicios ya que constituyen teorías de
creencias muy resistentes al cambio.
A causa de este
fenómeno, cuanto más temprano se
adquiere una creencia y se introduce en el sistema
de creencias, más difícil será
poder modificarla, ya que las creencias afectan a
posteriori las percepciones del individuo e
influencian fuertemente el proceso de
integración de nueva información.
De esta forma, los individuos
conservan creencias basadas en conocimientos
incorrectos o incompletos, a pesar de recibir
explicaciones correctas y
científicas.
Cuando una nueva y
conflictiva evidencia aparece, el individuo tiene
una tendencia a deformar los datos para poder
conservar sus creencias aunque estas ya no
constituyan una representación correcta de
la realidad.
Esta estructura aparentemente
rígida es sin embargo importante para el
individuo, para poder comprenderse, comprender a
los otros y adaptarse al mundo en que vive.
Además los sistemas de creencias reducen en
el plano personal y social la disonancia y la
confusión.
Posner et al. (1982) utilizan
los conceptos de asimilación y
d'acomodación de Piaget.La
asimilación es el proceso según el
cual una nueva información se incorpora a
las creencias existentes en una ecología, en
tanto que la acomodación tiene lugar cuando
una nueva información no puede asimilarse y
en consecuencia las creencias deben ser
reemplazadas o reorganizadas.
Cuando las creencias
metafísicas y epistemológicas son
profundas y fuertes, el individuo utilizará
probablemente más la asimilación que
la acomodación para integrar una nueva
información.
Para realizar la
acomodación, el individuo debe estar
insatisfecho con sus actuales creencias y las
nuevas deben presentarse en forma inteligible y
coherente con otras concepciones de la
ecología.
El proceso de
acomodación parece ser, del punto de vista
de la psicología cognitiva el proceso
necesario para sobrepasar los obstáculos
epistemológicos, concepto introducido por
Bachellard (1938), retomado y extendido por
Brousseau (1986).
Green (1971), citado por
Cooney (1998) identifica tres dimensiones o tipos
de relaciones entre las creencias de un
sistema.
La primera es la existencia
de una relación quasi-lógica entre
las creencias : ellas pueden ser primarias o
derivadas.
La segunda hace referencia a
su organización espacial o su fuerza
psicológica : pueden ser centrales o
periféricas.
La tercera está ligada
al hecho que existen en clusters más o menos
aislados los unos de los otros y protegidas
así de otros clusters de
creencias.
Esta características
de las creencias no están ligadas al sujeto
mismo pero simplemente a la forma en que se
retienen.
El aislamiento permite el
desarrollo de estructuras de creencia
contradictorias, ya que evita la comparación
explícita lo que hace que el individuo no
perciba la contradicción.
Thompson (1992) afirma que
numerosos profesores de liceo transmiten una
visión autoritaria y limitada de la
matemática y Green (1991) efectúa una
distinción entre enseñar y adoctrinar
significando por esto último facilitar el
conocimiento basado en la autoridad.
Cuando los fundamentos del
aprendizaje están basados sobre la no
evidencia, aprender se convierte en un proceso de
acumulación de información
suministrada por la autoridad.
Una visión
adoctrinante de la matemática disminuye el
impacto de la racionalidad en favor de la
memorización.
Esta visión de la
matemática se opone a aquella que considera
la matemática como un desafío y una
aventura del espíritu humano.
Existe por lo tanto una
tensión entre una orientación del
saber basado en una autoridad externa con creencias
no evidentes y una orientación hacia un
conocimiento integrado con creencias construidas
sobre la evidencia, lo que permite la
reflexión y la consideración del
contexto.
En una visión
autoritaria la asimilación continua siendo
posible pero la acomodación se vuelve casi
imposible de realizar.
Pareciera que dicha
visión favorizara también el
aislamiento de las creencias ; en efecto dado que
la existencia de las creencias es otorgada por la
autoridad y no la razón, ellas no tienen la
necesidad de compararse para comprobar su
coherencia. Su aislamiento las preserva de
descubrir posibles contradicciones.
Es interesante observar como
la acomodación Piagetiana aparece (en la
investigación sobre las creencias) como el
mecanismo capaz de hacer cambiar una creencia,
especialmente cuando ella tiene una
dimensión central.
De este modo la
acomodación parece ser también el
instrumento adecuado para sobrepasar los
obstáculos epistemológicos y
cognitivos que son objeto principal de estudio en
La Didáctica Francesa .
Pajares (1992) finaliza
afirmando que el constructo teórico sobre
las creencias es menos complicado y mucho
más limpio y claro de lo que
parece.
Cuando las creencias son
claramente conceptualizadas, cuando sus
hipótesis claves son examinadas, cuando los
significados precisos son comprendidos con
coherencia y adhesión y cuando las
construcciones específicas sobre las
creencias son bien evaluadas e investigadas, las
creencias pueden ser, como Fenstermacher (1979) lo
ha predicho, el más importante marco
teórico sobre investigación
educativa.
Retomando la pregunta del
título, hemos visto que una
concepción filosófica de la
matemática como infalible y una puesta en
escena puramente deductiva, se desemboca por su
carácter autoritario, en un adoctrinamiento
más que en una educación.
La matemática siendo
supuestamente un formidable instrumento para
enseñar a los individuos para pensar por
ellos mismos, a discernir lo verdadero de lo que no
lo es, a encontrar los invariantes escondidos en la
diversidad, un instrumento poderoso y valioso en la
ejecución de numerosas actividades, corre el
riesgo de transformarse para muchos estudiantes en
una simple ejecución de interminables
algoritmos y cálculos sin ningún
sentido personal o la repetición de
definiciones y demostraciones que en la
mayoría de los casos no han tenido la
oportunidad de construir y que tan sólo han
podido memorizar.
Es paradójico que esta
visión dogmática y autoritaria de la
matemática sea contraria a su esencia, a su
naturaleza profunda y a su objetivo para la
educación que es justamente suscitar en cada
estudiante el desarrollo de su racionalidad que
puede darse solamente con la producción de
significado en cada situación en particular.
Es sin embargo importante
hacer una distinción.
Una cosa es considerar la
infalibilidad de la matemática como un ideal
inspirador, que tiende a la perfección y
otra cosa muy diferente es relegar o despreciar las
aproximaciones, los ensayos, los errores, los
tanteos y las representaciones concretas que son el
material falible con el cual la construcción
de la matemática se torna posible.
Philipp (2006) reporta que en
2005 una encuesta de Associated Press sondage
(AP-AOL.News, 2005) mostró que cerca del 40%
de los adultos interrogados han experimentado un
claro rechazo hacia la matemática cuando
eran estudiantes y si bien han sentido rechazo por
otras materias, la tasa de rechazo hacia la
matemática era el doble que hacia otras
materias.
La presentación de la
matemática como una disciplina perfecta y
acabada las torna en aburridas e incomprensibles
para una parte importante de la población.
Pero hay otras causas para
dicha actitud de rechazo constatada por muchos
docentes e investigadores.
Nimier (2006) escribe que la
matemática es frecuentemente percibida como
negativa y peligrosa siendo un medio de
selección y fracaso.
La matemática es
ampliamente empleada como instrumento de
selección y ello conlleva consecuencias
nefastas para la disciplina.
En primer lugar, el rol de
principal selector es negativo para el sistema
educativo y la sociedad. Los resultados en
matemática tienden a etiquetar los
individuos según su inteligencia aunque es
bien sabido que numerosas personas que no han sido
exitosas en las matemáticas curriculares han
luego sido brillantes en sus actividades
profesionales. Recíprocamente, ser exitoso
en las matemáticas curriculares no asegura
nada ya que en la vida se requiere un conjunto
mucho más vasto de competencias y
actitudes.
Completamente convencido de
la utilidad y del valor formativo de la
matemática para todas las personas, se
desprende de los antedicho que sería mucho
más fructífero y justo efectuar
evaluaciones más holísticas, que
tengan en cuenta además, otros aspectos de
la personalidad del individuo.
Este tipo de evaluaciones
tradicionales por ser parciales, terminan siendo
erróneas para la sociedad e injustas para el
individuo que puede recibir un juicio severo y
descalificador basado en información
insuficiente.
Y por último afirmo
que hacer de la matemática el principal
criterio de selección en la educación
es empobrecedor para la sociedad y para la
matemática misma.
¿Por qué? Como
Nimier lo indica, la matemática puede
convertirse en un útil peligroso, capaz de
generar ansiedad y miedo.
De este modo numerosas
personas se alejan de la matemática y
recíprocamente la matemática se aleja
de numerosas personas.
Por una lado la
matemática pierde el aporte de potenciales
descubrimientos que muchas personas podrían
hacer, particularmente en ramas no tradicionales de
la matemática.
Por el otro, una gran
cantidad de individuos prescinden de las ventajas
que podrían aportarles la matemática
en muy diversas y numerosas actividades humanas
además de desperdiciarse su valor
formativo.
Una persona es libre de
querer o no la matemática pero tiene el
derecho de experimentar aunque sea un poco la
verdadera matemática, esa aventura
formidable de descubrimiento y creación del
ser humano, ese camino que parte de los objetos
más simples y concretos para llevarnos a
otros objetos más complejos que
súbitamente devienen comprensibles y llenos
de una belleza indescriptible.
Esta matemática que
inexplicablemente es infalible y falible a la vez
...
Esta matemática, que
la queremos infalible pero que al descubrirla
falible la queremos aún más.
Montevideo, Uruguay 14 de
julio de 2009
AGRADECIMIENTOS
Quisiera agradecer a la
Profesora uruguaya Yoselin Frugoni quien me
planteó la cuestión de la falibilidad
filosófica de la
matemática.
Del mismo modo quiero
agradecer a la Doctora Patricia Wilson quien me
introdujo en la investigación sobre las
creencias de los docentes efectuada recientemente
en Estados Unidos y finalmente a mi amigo
francés, Informático y Profesor
Christophe Foucher que gentilmente ha discutido
conmigo este texto contribuyendo a que sea
más comprensible.
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