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el
método utilizado para formar a los
docentes en su disciplina inducirá,
en efecto, lo más a menudo, aquel
que ellos utilizarán de ahí
en adelante con sus
alumnos.
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La renovación de los métodos de
enseñanza en el nivel superior encuentra en
ello su justificación.
Actualmente uno se aplica a dividir para
explicar: dividir el conocimiento en disciplinas
distintas (matemáticas, física,
biología, etc.); dividir cada disciplina en
capítulos separados que se encadenan
linealmente.
Todo ello tiene como resultado
volver difíciles las visiones
sintéticas, las inter-relaciones entre
fenómenos pertenecientes a disciplinas
diferentes (por ejemplo, la medicina y la
psicología).
No sería quizá necesario para esta
formación disciplinaria de los docentes
tener en cuenta «lo que algunos han llamado
la 'cuarta revolución
epistemológica', luego de aquellas que
resultaron sucesivamente de los descubrimientos de
Copérnico, de
Darwin y de
Freud. Se trata, en esta
última revolución de la
inversión del procedimiento cognitivo. Este
se aparta de los consejos de discontinuidad dados
por Descartes. Por el contrario,
privilegia desde el comienzo visiones de
continuidad y de totalidad (o globalidad),
concepciones de Cestalt y de organización,
de estructura así como de complejidad y de
transferencia, pone el acento sobre la
relación más bien que sobre los
elementos separados.>>(De
Perreti)
Seríamos así
conducidos a apoyarnos sobre los principios de la
«sistemática» desarrollados en
particular por Rosnay :
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-evitar el acercamiento
lineal o secuencial;
-evitar las
definiciones demasiado precisas que
arriesgan polarizar y esclerotizar la
imaginación;
-hacer sobresalir la
importancia de las causalidades mutuas, de
la interdependencia;
-utilizar los temas de
integración vertical.
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Eso conduciría a
preocuparse, en el sistema global del proceso de
enseñanza, tanto de los intereses (bien se
trate de gustos, aptitudes, deseos, objetivos...)
de aquel que aprende, como de una pretendida
lógica interna de la disciplina
enseñada. Lo que implica muchos cambios en
nuestros hábitos.
¿Cuál es
pues la utilidad del maestro?.
Me parece que ante todo,
su papel es el de proponer, provocar incluso
las situaciones en las que el alumno podrá
encontrarse en conflicto con un saber actual a fin
de darle un pretexto, una ocasión de
reconstruirlo.
Manteniéndose suficientemente cerca para
seguirlo en esta reconstrucción,
podría ayudarlo cuando sea necesario y
solamente allí donde lo sea. Quizás
su papel sería incluso permitir al
niño encontrar un sentido a ese saber, y un
sentido que sería el suyo (el del
niño). ¿Que esto no es fácil en
una clase de treinta alumnos? Ciertamente. Pero en
el curso de un año escolar, una
relación se establece siempre con cada uno
de los treinta alumnos. Claro está, ciertas
organizaciones de la clase son más
favorables a esto.
Los puntos a favor del docente serían
conocimientos de ingeniero en técnicas
educativas que le permitan manejar
estructuraciones de clase adecuadas, pero
también una capacidad de escucha
importante y activa.
En efecto, la escucha de lo que dice el
alumno permite oir lo que le perturba, realmente,
para aportarle una ayuda en su trabajo de
reconstrucción en el momento en el que
él manifiesta la necesidad de ella.
Saber escuchar, es poner en juego su
deseo en una relación. Tomar conciencia de
la subjetividad de su conocimiento, tocar su
historia personal.
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