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-1°) En las
empresas, se sabe ya que un ingeniero muy
competente en su dominio pierde mucho de su
eficacia si posee un «mal
carácter», si es incapaz de trabajar en
equipo, si practica en su favor la retención
de información, en fin si no puede
establecer buenas relaciones con sus colegas, la
jerarquía o los clientes.
Esto es mucho más verdadero para un
docente.
Todas las competencias que su formación
de ingeniero en técnicas educativas le
darán no le serán de ninguna utilidad
si no posee una experiencia real de la
relación. Puesto que, si bien las
competencias técnicas del ingeniero no son
verdaderamente puestas en cuestión por la
cualidad de su modo de relación,
para el docente lo que
está concernido es el proceso mismo de su
trabajo de enseñanza y de transmisión
de conocimientos, en la medida en que no hay
información sin
relación.
Mientras nos mantengamos en un modelo de
aprendizaje según el cual el docente que
posee el saber no tendría sino que vertirlo
sobre el alumno, el docente no es sino un vaso
intermediario. ¡El profesor aprende la
geografía, luego a su turno enseña la
geografía al alumno!
-2°) Hemos
visto que Rosita,
Brigitte,
Dora,
Fransisco
y yo mismo teníamos una
representación personal de las
matemáticas y que ella nos había
dado un sentido que motivaba nuestro interés
por esta disciplina. Esta representación es
pues necesaria pero ella está ligada a
nuestra historia personal, y la mayor parte del
tiempo no nos damos cuenta de esto.
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El riesgo
está en imponerla con toda buena
conciencia a los alumnos y obstaculizar
así el sentido que ellos puedan
darle.
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